1. Cruel

“Yo ejercí violencia obstétrica sobre mujeres que tenían la mala suerte de estar conmigo en la guardia. Yo sé que ya no tengo redención. Sé que no tengo perdón, pero no puedo volver el tiempo atrás, por eso estoy hoy con ustedes. Vengo a traer la voz de mis propias víctimas, en las que ejercí sin duda alguna un abuso de poder, a las que expuse ante la policía, a las que juzgué e interrogué de manera cruel”. 
Cecilia Ousset, médica especialista en tocoginecología, durante las exposiciones en el Plenario de Comisiones del Senado por la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, 16 de diciembre. 

 

2. Piso pegajoso

“Las mujeres instruidas hablamos de techos de cristal cuando no podemos acceder a puestos de poder en las empresas o en las instituciones públicas. Las personas gestantes más humildes obligadas a parir una y otra vez, hablan de pisos pegajosos. No se atreven ni a soñar con educación y con empleos de calidad.” Otra vez Cecilia Ousset en el Senado.
La idea del piso pegajoso se encuentra por primera vez en el trabajo A sticky floors model of promotion, pay, and gender, en el European Economic Review, abril de 2003, por Alison L. Booth, Marco Francesconi y Jeff Frank. Rebecca Shambaugh escribió It’s not a glass ceiing, it’s a sticky floor en 2007; lo resumió en ocho minutos en esta charlita de 2013. Se refiere a los problemas de las mujeres profesionales; después la noción empezó a usarse para describir las dificultades de ascenso laboral de todas las trabajadoras.
Me permito disentir con la doctora Ousset en un detalle: dudo de que las personas gestantes más humildes obligadas a parir una y otra vez hablen de pisos pegajosos. A lo sumo les tocará limpiar pisos pegajosos. Somos las instruidas, las que elegimos si, cuándo y cómo parir -y en muchos casos aprendimos a limpiar pisos en la pandemia-, quienes hablamos de estas cosas, quienes quizás encontremos un minuto para leer sobre feminismo y entender la metáfora. 

 

3. Satisfacción genealógica

En la mañana del viernes 11, instantes después de la aprobación de la media sanción de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, me atrapó la imagen de Martha Rosenberg levantando literalmente la bandera del aborto ante el Congreso, desde el escenario central de la Campaña por el Aborto Seguro, Legal y Gratuito. Una bandera verde, grande, que se veía pesada. Me pregunté qué sentiría Rosenberg, a los 84 años y con una vida entera dedicada a sostener esa bandera, en ese momento, mirando de frente a miles y miles de chicas vestidas de verde que cantaban a gritos “Aborto legal en el hospital”. La respuesta llegó unos días después, en una entrevista publicada por Verónica Gago en Página/12 con la excusa del lanzamiento del libro Del aborto y otras interrupciones. Mujeres, psicoanálisis, política. Según cuenta Gago, Rosenberg se preguntaba qué ven en ella les jóvenes, niñas y adolescentes que le piden sacarse selfies en las marchas; esa pregunta la impulsó a reunir  sus escritos de cinco décadas y la llevó a “elaborar una ‘satisfacción genealógica’”. Dice Gago: “Este es un concepto que [Rosenberg] lanza en esta entrevista y que se ajusta de maravillas a ese ejercicio de ‘autobiografía intelectual’ en el que inscribe su labor. Recorrer lugares y tópicos ya transitados, reponer lecturas vividas, recolectar debates lanzados y, al mismo tiempo, disponerlos al hoy, donde las condiciones de audibilidad son otras, donde los sueños compartidos son más extensos. Esa satisfacción genealógica no se da ‘bajo la figura del dedito levantado: te lo dije’, como quien viene a certificar que no hay nada nuevo bajo el sol. Sino, por el contrario, con la generosidad de quien, desde dentro de la marea, se sorprende cuando la verdad por la que lucha hace tanto tiempo toma cuerpo desmesurado y multitudinario.” 
Satisfacción, sorpresa, desmesura. “El glitter para mí es un misterio”, dice Rosenberg. 

 

4. Justicia menstrual

“Se realizó el primer foro de Acciones para alcanzar la Justicia Menstrual, en el que advirtieron sobre el factor de desigualdad que implica la menstruación y plantearon iniciativas para revertir la situación que afecta no sólo la economía sino la salud, la educación y el trabajo de las mujeres y personas menstruantes”, dice la noticia oficial del martes, con foto de funcionarias en la Casa Rosada.
¡Cómo se enojaron algunes! Como si los planes públicos para proveer copas menstruales gratuitas, incluir toallitas y tampones en el programa Precios Cuidados o sacarle el IVA a estos productos les ofendiera, o les quitara algo. “La justicia menstrual es ‘venezualizarse’”, dijo Viviana Canosa, con las vocales cruzadas de la indignación.
Resulta que el primer lugar del mundo donde se hizo ley la justicia menstrual no es Caracas sino Nueva York. En 2016, la revista Jezebel decía: “Hoy es un gran día para la justicia menstrual en la ciudad de Nueva York”: se había aprobado asegurar el acceso gratuito a toallitas y tampones en lugares públicos como escuelas, refugios y cárceles. Antes habían abolido el tampon tax, los impuestos a productos de gestión menstrual.
La idea de justicia menstrual viene del activismo por la igualdad. En 2015, Lorrie King presentaba el concepto en una conferencia. En Argentina empezó a escucharse en 2019, a partir de la campaña de Ecofemini(s)ta en Causas Comunes. El film indio Period. End of the sentence ganó el Oscar a mejor corto documental de 2018; está en Netflix.
Dice Margaret E. Johnson en su paper “Menstrual Justice” (SSRN Scholarly Paper, 2019): “Les menstruantes son esencializades como mujeres con medios económicos, excluyendo a hombres trans y personas no binarias, menstruantes que experimentan la pobreza o son jóvenes. (…) La injusticia menstrual es la superposición de formas de dominación como el patriarcado, la supremacía blanca, la transfobia, el clasismo y el capacitismo”. 
“Los tampones me los compro yo”, decía Canosa, Miss Empatía. 

 

5. Rezonificación

Hay palabras que insisten en repetirse. Esta la detecté en relación al conflicto por la minería en Chubut, pero después la reencontré en el debate por el uso de la Costanera Norte de la ciudad de Buenos Aires. Para Google significa San Lorenzo: los cambios legales para la construcción de un estadio en Boedo
Es una de esas palabras caja negra que hay que cortar en pedazos. El acto (-ción) de volver a (re) hacer (ifica) zonas. ¿Y qué quiere decir hacer zonas? Acordar los usos que se autorizan para el territorio público, o por lo menos, compartido. 
Es complejo, porque justamente la idea de zonificación indica que no porque un lugar sea privado se puede hacer cualquier cosa con él. Implica pensar en las externalidades y consecuencias de los usos de la tierra, partiendo de la base de que nadie vive a solas: hay que convivir.
“Zonificación, en sentido amplio, indica la división de un área geográfica en sectores heterogéneos conforme a ciertos criterios. Por ejemplo: capacidad productiva, tipo de construcciones permitidas, intensidad de una amenaza, grado de riesgo, etc”, dice la Wiki. Y rezonificar es entonces cambiar los criterios acordados, volver a abrir el tema a discusión. En la ciudad se busca habilitar la construcción de torres 29 metros en 32 hectáreas sobre el río, donde esto no estaba permitido; las audiencias públicas tienen 7044 inscriptes que escuchan a 250 oradores (historia oral aquí, por Federico Poore). En Chubut en 2003 se prohibió la megaminería por ley, pero el gobernador Mariano Arcioni, que en campaña se había manifestado en contra de la minería, presentó un proyecto para habilitarla para el 70% del territorio, lo que tiene a la provincia literalmente en llamas. De todos estos cambios, el único que tuvo apoyo de comunidades -lo que las empresas llaman “licencia social” (ver N13P02)- fue el de San Lorenzo.

 

6. Rosca

“Mirá, yo tengo una empresa que se llama Bridges, es una consultora comercial. En este momento nosotros estamos en la rosca… lo mismo que hacés vos, con proyectos en la Patagonia. (…) Yo lo tengo recontra estudiado, quedate tranquilo. Yo era el que hacía toda la rosca media con la gente de Nación, con la gente de Provincia, con Diputados… (…) Ustedes lo que necesitan es un contacto político que abra puertas. Si tengo un apoyo importante de ustedes, de una empresa nacional, obviamente que podemos llegar a arreglar. Pero para pensar en un futuro, y tener un compromiso yo con ustedes el día de mañana… Obviamente esto es un equipo; cuestiones que me permitan llegar… Yo estoy hablando de arriba de cien lucas. Yo voy a la mina y miro y me parece que toda esta rosca política, lobby y todo lo que tiene que ver con generar progreso, y destrabar cosas y abrir puertas, bueno, mi empresa se llama Bridges, ‘Puentes’, yo quiero generar puentes entre el tipo y el cliente. La rosca me gusta, mucho. Estoy, la sé, la hago de manera profesional. Después veremos adónde llegamos con la política”. Esto dijo el hoy legislador provincial de Chubut por Juntos por el Cambio Sebastián López en un video registrado por una cámara oculta, que se difundió el martes. No se conoce la fecha del video; se cree que es anterior a su asunción en el cargo. López integra hoy la Comisión de Desarrollo Económico, Recursos Naturales y Medio Ambiente de la legislatura provincial.
Circula además un audio de Whatsapp atribuido a la legisladora provincial por Chubut al frente Leila Lloyd Jones. “Me piden en el video que les consiga laburo. No, le dije, vayan a conseguirle laburo a los diputados que votan a favor, que a ellos les pagaron 10 millones de pesos y les dan unos contratos que los pueden hacer trabajar a ustedes en las mineras. Después se los voy a pasar los teléfonos de los que votan a favor para que les vayan a pedir laburo ustedes”. El Ministerio Público Fiscal de Chubut está investigando. Y el tratamiento de la ley se pospuso, porque “no están dadas las condiciones”.

 

7. Pulverizadores

Ámbito Financiero publicó esta semana un ránking de paritarias 2020. El sindicato que picó en punta, con un 58,5% de aumento, es el de los operadores pulverizadores, es decir quienes manejan las máquinas pulverizadoras que aplican agroquímicos. “La Comisión Nacional de Trabajo Agrario (CNTA) fijó una nueva remuneración mínima a partir de noviembre de $96.782 para el conductor de equipos pulverizadores autopropulsados, mientras que el peón auxiliar dedicado a aplicación de fitosanitarios en el campo llegó a $66.519 mensuales”, dice la nota.
¿Cuánto vale exponerse al glifosato y otros químicos? Podríamos preguntarle a Fabián Tomasi, que trabajó en esa industria. Pero ya no está.

 

8. Gamaleya

¿No es maravilloso que de pronto estemos todes hablando de centros de investigación rusos? Me hace sentir dentro de una novela. Gamaleya, el nombre del instituto donde se desarrolló la famosa vacuna Sputnik V contra el COVID-19, me suena a ciencia ficción del siglo veinte, rayos Gamma y princesa Leia. Vintage y elegante.
En realidad se llama Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya. Fue fundado en 1891 como instituto privado, y nacionalizado tras la revolución soviética. Desde 1949 lleva el nombre de Nikolái Gamaleya, un científico ruso pionero en microbiología y vacunas. Gamaleya nació en Odessa en tiempos del Imperio Ruso, en una familia noble de origen cosaco, cuenta la Wiki. Trabajó junto a Louis Pasteur en Francia; a su regreso fundó el Instituto Bacteriológico de Odessa, desde donde organizó la vacunación contra la rabia y combatió el cólera, la difteria, el tifus y la tuberculosis. Más tarde vacunó contra la viruela al ejército rojo.
Dice el sitio oficial del Instituto Gamaleya que la institución guarda “una colección única de virus”. Más para la épica de la novela de espías y la imagen de temible Gran Rusia que Putin no deja de alimentar. 

 

9. Googleclipse

“Llegó el googleclipse. Asueto nacional”, tuiteó Rodolfo Campero el lunes, a las 9.20.
Apenas arrancaba la última semana completa del año. Era uno de esos días de furia en que necesitamos tachar cosas de la lista cuanto antes; además, en Argentina y Chile estábamos esperando el eclipse. Y entonces se apagó el astro rey, y durante casi media hora todo fue caos y tinieblas. Porque sin él no somos nada: ni correo, ni documentos, ni reuniones de Meet… Total eclipse of the Google. Every now and then I fall apart. Ni Calendar, ni videos, ni mapas. And I need you more then ever. Lástima que recién tres horas después la luna tapó el sol; floja la sincronización. 
“La productividad de buena parte del mundo occidental depende hoy de que funcione una sola empresa”, dijo luego Beatriz Busaniche en el newsletter de la Fundación Vía Libre. ”Tenemos que trabajar para construir un ecosistema informático más justo, equitativo, viable económicamente saliendo de la dicotomía de depender completamente de una empresa o del Estado.” Argumenta que es necesario educar en software libre y crear demanda para infraestructuras autónomas, a cargo de empresas pequeñas, medianas o cooperativas. Propone “adoptar servicios de otros proveedores de búsqueda, de documentos compartidos, montar servidores propios en cooperación, contratar soporte local. Invertir en quienes nos habiliten a manejar nuestra propia infraestructura.” Y cierra: “La libertad nunca ha sido gratis. Tampoco es gratis ceder todo el control a un puñado de empresas que dominan el mercado más concentrado del que tengamos memoria.”
Este año aprendimos que lo inimaginable –unprecedented, N09P06– sucede. Que podemos encerrarnos, vaciar oficinas, escuelas, trenes y fábricas, y -a grandes rasgos- la vida sigue. ¿Por qué no podríamos, también, vivir sin Google? Cuanto más grande es, más pesado cae. Sobreviviremos. Pero no estaría de más que el próximo googleclipse nos pesque un poco más preparades: preppers digitales.

 

10. Estéril

-En general yo para esta época huelo como un sentimiento de fin del mundo. Diciembre, fin del mundo- dijo Julián Marini el miércoles en la apertura del programa Mejor país del mundo, por Radio Con Vos. 
-Pero como ya ocurrió…- acotó Diego Iglesias.
-Exacto. No estoy sintiendo nada.
-¿Está mejor?
-No sé si estoy mejor. Es como un diciembre estéril. No pasa nada. Y lo extraño un poco, que diciembre sea el mes en que yo sentía el sentimiento de fin del mundo.
Estéril como un frasquito para hacer pis adentro, como un quirófano: qué bueno que no proliferen las bacterias, pero igual suena triste. En Argentina somos adictes a la adrenalina. Y no es que este año no hayamos tenido pandemia, chanchos voladores, rugbiers asesinos, incendios devastadores, polos derritiéndose, confinamiento sin precedentes, patrulleros rodeando la residencia de Olivos un día entero, muerte de nuestro ídolo máximo, amenazas de golpe de estado en el país más poderoso del mundo, caída de Google, eclipse de sol. Pero así son las adicciones. 
Por si alguien más se aburre como Marini, puede ir siguiendo al iceberg A68, de 4200 kilómetros cuadrados, que se acerca peligrosamente a la isla San Pedro – Georgia del Sur y podría dejar a miles de pingüinos, focas y lobos marinos sin comida.
Otra opción para gente de corazón fuerte es seguir el poroteo de la ley de aborto en el Senado. Diciembre no terminó; promete todavía dar sus frutos.